miércoles, 20 de agosto de 2008
Muestra de la arquitectura industrial de nuestro municipio son los restos del teleférico que estuvo en servicio entre 1949 y 1954, y que trata de ser recuperado en la actualidad como reclamo turístico por su espectacularidad.
Su función en los años 50 fue la de transportar materiales desde el puerto de El Espín (municipio de Coaña) hasta Salime (municipio de Grandas de Salime) para la construcción del embalse de Grandas.
Aunque las obras del salto se habían iniciado antes, transportando los materiales por carretera, las ventajas del teleférico resultan evidentes si se tiene en cuenta que la distancia por carretera era de 76 kilómetros y la longitud del teleférico de 35,5 kilómetros, con una capacidad de transporte de 35 toneladas cada hora.
En nuestro municipio se encuentran los restos de alguna de las estaciones y varios castilletes intermedios entre la estación de carga ubicada en El Espín y la final en Grandas, cerca de la presa.
Dentro del concejo la instalación salva más de 700 metros desde la estación de carga de El Espín hasta el límite con el concejo limítrofe en el sur, Boal, donde estaba el dispositivo número 4 de anclaje y tensión, en unos once kilómetros de recorrido.
En la estación de carga de El Espín, situada al norte del puente de la carretera general, se encontraban los siguientes dispositivos: un muelle de atraque para barcos de hasta 150 toneladas, dos grúas con pala para descarga (con una capacidad de 90 y 30 toneladas por hora respectivamente), cintas elevadoras, silos con capacidad para 3.500 toneladas y tolvas para cargar las vagonetas por gravedad.
Entre la estación de carga y la primera motriz (situada en La Ronda – Coaña), el teleférico tenía una longitud de 6.850 metros, treinta caballetes y dos dispositivos de anclaje y tensión, los de Las Cruces y Busnovo. El tramo inicial sigue el curso del río Meiro, donde todavía pueden verse las bases de varios caballetes, construidas de hormigón y sobre las que se levantaba la estructura, hecha de madera de pino en su mayor parte y de Carballo la pieza superior, dada la mayor resistencia que tal pieza había de ofrecer.
De la vega del Meiro la línea del teleférico seguía hasta el dispositivo de As Cruces (el número 1), resto visible hoy en día en el margen derecho de la carretera AS-12 El Espín – Grandas y en estado de conservación aceptable. Desde Las Cruces la pendiente era mínima hasta el dispositivo número 2, levantado en Busnovo, y donde son visibles tanto la superestructura de hierro como el pozo del tensor y el anclaje.
En esta primera parte del recorrido eran necesarios además sistemas complementarios, a base de redes, para prevenir la caída de materiales desde las vagonetas sobre la carretera. Desde Busnovo el tendido tenía que salvar un fuerte desnivel hasta la estación de A Ronda, parte de cuya estructura era de madera.
El tramo alto del teleférico en Coaña atravesaba los terrenos comunales del Cordal, subiendo de La Ronda hacia Penagorda.
Existen en el municipio de Coaña, cantidad de elementos de arquitectura popular, como son los hórreos, paneras, cabazos, molinos o lavaderos.
Por hórreos, paneras y cabazos se conoce a los edificios destinados a almacenar grano y demás productos provenientes del campo. Construidos en madera (roble y castaño), piedra o ladrillo, se levantan del suelo a una determinada altura, que varía según cada ejemplo, con el fin de aislar dichos productos de la humedad, los roedores y los pájaros.
Estos graneros se pueden agrupar en dos modelos constructivos, dependiendo de la utilidad que se les vaya a dar; cabazos si están especializados en el secado del maíz; hórreos y paneras para la curación de patatas, cebollas, maíz, embutidos, quesos, y el almacenaje del resto de bienes de consumo perecederos, a modo de despensa. La diferencia entre el hórreo y la panera es principalmente su tamaño, teniendo mayores proporciones la panera, con su tendencia a la planta en rectángulo y apoyada habitualmente sobre 6 pies.
El momento de máxima expansión del hórreo y la panera en el concejo es a mediados del siglo XIX.
Respecto a los molinos de agua o hidraúlicos, tuvieron su auge a lo largo de todo el siglo XVIII y sirvieron para la transformación del grano en harina, sustituyendo los molinos de mano, en los que se molía en tiempos anteriores el grano de trigo, escanda o centeno.